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viernes, 24 de enero de 2014

Relato "AQUEL HOMBRE..."

     Aquel hombre creía en la religión y la moral, o, al menos, quería creer lo suficiente, con el resultado de que, en nuestro mundo moderno, era objeto de sonrisas y apenas ocultos sarcasmos con intención humillante, desprecios notorios que revelaban la incomodidad de su presencia sólidamente conservadora. Por una de esas humorísticas paradojas que siempre se dan y siempre nos sorprenden, su novia, además de espectacularmente guapa y deseable, era una psicoanalista freudiana avant la lettre. Sí, de las que creen en la erotización de la madre y la necesidad inconsciente de matar al padre (o al revés) y en la sexualidad inagotable de los bebés de pecho, sea ésta oral, anal o, como el Dios que no existe manda, genital. Corolario: era perfecta atea. Pueden imaginar las conjeturas a que nos entregábamos los que conocíamos a la pareja, para explicar tan extraño amor. Unos apostaban a que ella quería pervertirle, que él era sólo cobaya de un experimento psico-moral. Otros, a que la chica añoraba un sentido para su yo, una reprimida pero latente tendencia a un objetivo seguro y sereno, acaso más tradicional de lo que ella hubiera admitido, y que sólo en él pudo encontrar o satisfacer, o que buscaba un sustituto a la figura paterna, fallecida unos años antes, tesis que a mí siempre me han parecido demasiado obvias o fáciles, como chistes malos y repetidos en exceso. En fin, alguien aventuró que fue él quien la sedujo, al modo de esos católicos fervorosos que sienten una indefinida atracción por el mal, lo que creen pecado, o simplemente por la belleza adornada con la luz de una inteligencia en el fondo ingenua y buena. Quizá pretendía atraerla al mundo de la inmortalidad del alma. Aunque la explicación más sencilla, según Ockham la más probable, pero también la más fantástica y, en cierta manera romántica (por tanto, mística, irracional), es que se enamoraron.

(escrito antes de 2006)




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