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lunes, 17 de febrero de 2014

Poema "LA NOVIA DESNUDADA POR SUS SOLTEROS, INCLUSO" (Homenaje a Marcel Duchamp).

LA NOVIA DESNUDADA POR SUS SOLTEROS, INCLUSO (Homenaje a Marcel Duchamp, a su obra "El gran vidrio", 1915-1923).

La novia, anhelante, en la parte superior,
en su deseo sudoroso casi desnudada
por los solteros de la mitad inferior,
apelotonados hombres solitarios
que no llegan a tocar a la mujer;
mientras tanto, ellos agitan sus molinillos:
humo y polvo producen
que ligero sube, hacia la cápsula femenina:
viriles vapores que, como un órgano de piel
apenas inexistente, consiguen quitar
un poco de los ropajes que envuelven a la amada,
desvelando el inaccesible misterio
de los tres cuadrados blancos:
intuido hueco del placer y el sexo.
Sólo así es posible la comunicación
entre ambos mundos que se buscan y desean
con toda la fuerza de la materia, de la carne:
imperfectas y nunca plenas
aproximaciones biomecánicas.
Y tanto la novia como sus solteros,
son insectos o máquinas,
aplastados e inermes entre la luz impasible
del tiempo congelado en un vidrio
bidimensional, incluso.




"MARCEL Y YO" (Poema en prosa, homenaje a Juan Ramón Jiménez)

A Marcel, mi coneja.

Marcel es suave y peluda, tan blanda que está hecha de pelo, carne leve y dulce, y huesecillos frágiles. 
Le digo "¡Marcel!", y viene a mí, con sus ojillos como vivos minerales negros, a buscar mis caricias, el calor de mi mano (o quizá sólo a comprobar mi presencia, a asegurarse de mí, atestiguando nuestro vínculo). Se tiende a mi vera, confiada y satisfecha, mientras acomoda sus patitas y gime y ronronea, o como se denomine el ruido de placer que emiten los conejos, una música tenue y primigenia.
Marcel hunde su hocico en los colores duros de su comida, y en el oloroso heno, que le trae proustianas reminiscencias del campo, inscritas en sus genes, en el compartido pasado de su especie.
Tumbada a mi lado, mirándome con reconocimiento, le digo: "Marcel, ¿por qué comemos otra cosa que sol o fuego?.. los dioses no tuvieron más sustancia de la que tienes tú"... y Marcel continúa observándome, y creo que me entiende y hasta sonríe, con el punto de luz de estrellas en sus ojos puros... y estira y agacha la cabeza para que se la envuelva con mis dedos, con la carne caliente de mi mano... dios deseado y deseante... yo para ella y ella para mí.


Las frases en cursiva están tomadas de Juan Ramón Jiménez. Homenaje en los cien años de la publicación de "Platero y yo".

POEMA TRISTE... MICRORRELATO

Incesantemente me anegan
los implacables ríos de la memoria:
con aguas frías y turbias vienen,
atravesando oscuros bosques,
bosques de negros árboles
dolorosamente entrelazados,
bosques de fuego muerto y gris,
de una congelada humedad.
Y a lo lejos, intuidas, con un presentimiento
de deseo ansioso, tentación o reclamo
de tantas felicidades imposibles,
las brillantes ciudades desconocidas,
a lo lejos, con sus luces atractivas,
sus edificios casi eternos, imponentes,
que me esperan con sus gentes, libros y arte,
aunque acaso nunca pueda llegar,
impedido como estoy
por los crueles ríos de la memoria.


Era difícil amarla, ya que en su calidad de fantasma fluía en mis brazos, huidiza e inapresable. Pero sus ojos eran sólidos, de táctil presencia, suspendidos entre la bruma de su cuerpo cambiante. Y en esa mirada plateada, a veces, sólo a veces, me comunicaba su comprensión ante mi deseo, y entonces recogíase para concentrar al máximo su leve materia y se filtraba en mí, empapándome los poros, y fueron los escasos instantes en que conocí el sentido de palabras como éxtasis o gloria.