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sábado, 15 de enero de 2011

PUBERTAD EN PALACETES COMO SUEÑOS (Homenaje a V. NABOKOV).

     Recuerdo mi infancia soñadora y feliz como globos iridiscentes, mi pubertad descubridora y extasiada, allá en el rosado palacete de mármol de mi tío Mitia, en la inolvidable, y acaso ya desaparecida, Ardis. Aquellos veranos de un ocio tranquilo y vivo, rodeado del silencio neto, puro, de los bosques cercanos, ronroneantes moles de olas verdes mecidas por un viento dulce, tibio y fresco al mismo tiempo. En el porche de la mansión coqueta, tumbado boca abajo, apenas consciente de la milagrosa dicha, de la atmósfera del encantado lugar, leyendo Ana Karenina o Madame Bovary (tomados de la biblioteca fértil y oscura de mi tío, confiado desconocedor de mis lecturas), en horas neutras, agradables, sin apenas duración, o con un tiempo intuido como si fuera una conocida, familiar, cinta de terciopelo que pudiéramos recorrer en varios sentidos sin sorpresas y sin aburrirnos.

Fui buen estudiante, por lo que durante esos estíos pude dedicarme a la lectura como goce personal o privado, sin responsabilidades ni deberes escolares (ayudado por la indiferencia elegante y aristocrática, un poco fría, que el tío Mitia mostraba hacia mis asuntos). Hasta que todo cambió un agosto, el de mis catorce años. Sentía el empuje de algo nuevo en mí, unas variaciones deliciosas en el organismo, como un vértigo de miel y tensión que nacía en lo más recóndito y secreto de mi cuerpo en metamorfosis. Y entonces, mi tío anunció que pasaría unas semanas con nosotros mi primita Verashka. Llegó la niña, que resultó no serlo tanto, pese a contar un año menos que yo. El pequeño ciclón lácteo que nutría y vivificaba mis miembros, esa fuerza leve de carne que no sabía dónde saciar su potencia inaugurada, encontró en mi primita el objetivo natural de sus aspiraciones parcialmente románticas y parcialmente materialistas.

Verashka notó su influjo en mí, con la sabiduría innata de su sexo para reconocer las heridas que inflige. Supo jugar con ello y conmigo, con caricias y delicados toques pretendidamente pueriles, siempre en el límite de lo intolerable, de las cosas sucias que ya conocíamos sin nombrarlas, con besos y abrazos suaves que querían ser familiares muestras de afecto, algo que desmentían la excesiva seriedad de sus miradas, el inestable silencio, culpable y húmedo, que envolvía nuestras uniones con la sorpresa de un goce buscado pero nunca explícito.

5 comentarios:

  1. Muy bien ambientado en rusia. Me encanta la descripción del bosque y la de la tensión sexual entre los dos adolescentes "el inestable silencio, culpable y húmedo".
    Pero aunque está inspirado en nábokov veo que tiene muchas elementos tuyos. La poesia de tus descripciones, el uso tan elegante del idioma. La última frase de cada párrafo muy largas, produciendo el un efecto crescendo para expresar las ideas, emociones más importantes.
    La importancia del lugar, los libros y desde luego el sexo y "la sabiduría innata de las chicas para inflijir heridas." No sé como la version emiliano sería muy diferente a esta!!

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  2. Gracias, Gillian, por tus amables palabras.
    De todas formas, creo que tiene demasiados pares de adjetivos. Me he inspirado, sobre todo, en dos obras de Nabokov: "Ada, o el ardor" y "Habla, memoria". He intentado imitar ciertos rasgos del estilo nabokoviano (p. ej. los "globos iridiscentes"), pero salvando las distancias, claro.
    Has visto muy bien que están mis temas preferidos: la infancia, los libros, la lucha contra el tiempo, el amor (por no decir otra cosa: el turbio erotismo)...
    Supongo que al final es más "emiliano" que "nabokoviano", ¡qué le vamos a hacer! Además, está, digamos, sin terminar, aunque se puede leer como un esbozo.
    Gracias, Gillian, por tu atención y tu tiempo.

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  3. Aunque no sé por qué le otorgas al sexo de Verashka una sabiduría innata que no posee.

    ¿Ves, cómo mi comentario no aportaba nada?

    Me ha gustado, claro que sí. Y estoy de acuerdo con Gillian. Es muy Emiliano. Y eso nos gusta.

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  4. Precisamente la posee porque es innata, jeje. Es como una idea platónica, previa incluso a la existencia. Como una intuición o consciencia de la propia belleza y de los efectos que causa.
    Me alegra que te guste, Ilión. Y habéis inventado un nuevo término literario: después de kafkiano, proustiano, etc. pues emiliano, jiji (modestia aparte). ¿Qué es "emiliano"?: ¿pornografía literaria, perversión inocente, barroquismo compulsivo...?
    Independientemente de lo que aporten tus comentarios, me gusta ver que mis trabajillos captan un poco de atención (será la pequeña vanidad de todo el que escribe). Por cierto, ¿no te sobrará algún relato sobre la representación de una obra de teatro? Te lo compro. Porque no hay manera, no me sale ni a tiros.

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  5. Otros defectos de "Pubertad...":
    - Hay demasiados posesivos "mi".
    - Al principio hay una rima "soñadora" - "descubridora".
    Aparte de lo ya dicho sobre las parejas de adjetivos.

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