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lunes, 24 de junio de 2013

APUNTES LITERARIOS, 5

No deja de ser curioso y paradójico (¿o tal vez no?) que los principales novelistas "católicos " en el siglo XX hayan surgido en la laica Francia o en la anglicana Gran Bretaña: Bernanos, Mauriac, Julien Green, Evelyn Waugh, Chesterton, Graham Greene... incluso en Alemania, con Heinrich Böll... y no tanto en Italia o España, por lo que yo sé (salvo casos concretos, como Miguel Delibes, o Torrente Ballester, en los que el catolicismo como tal tampoco suele ocupar un lugar destacado, y en algunos poetas, como Rosales, Diego, etc. Ver también Jiménez Lozano, o actualmente Juan Manuel de Prada. O el peculiar catolicismo de Federico García Lorca, en "Oda al Santísimo Sacramento" o en ciertos textos de "Poeta en Nueva York": "Grito hacia Roma", etc.). En el cine, recuerdo especialmente "Mi noche con Maud" de E. Rohmer.

El tema del "doble" me parece uno de los más sugestivos en la literatura fantástica, quizá por cuestionar el principio de identidad personal. Algunos relatos con este asunto que me parecen maravillosos: "William Wilson" de E. A. Poe, "La vida privada" y "El rincón feliz" de Henry James (también traducido como "El rincón de la felicidad", "La esquina alegre", "El querido rincón", etc., el título original es "The jolly corner"), "¿Él?" de Guy de Maupassant, "Lejana" y "Las armas secretas" de J. Cortázar. También Borges ("El otro", "Agosto 25, 1983") y Bioy Casares ("Máscaras venecianas"). Y, en cierto modo, "Aura" de C. Fuentes, "El extraño caso del difunto Mr. Elvesham" de H. G. Wells, "Markheim" de R. L. Stevenson... Como se ve, en realidad algunos de los citados, como "Las armas secretas", podrían tratar más bien de una suerte de "reencarnación". Asimismo, este tema puede enlazarse con el de la copia o reproducción de la persona, ver "La invención de Morel" de Bioy Casares o "Solaris" de S. Lem. Y con el desdoblamiento de la personalidad: "El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde" de Stevenson, "El retrato de Dorian Gray" de O. Wilde, etc.

La influencia de Lovecraft llega a autores insospechados... por ejemplo, a Borges en su relato "There are more things", de "El libro de arena".

Comparar "La caída de la casa Usher" de Poe con el posterior relato "La mansión de los ruidos" (o "Vaila") de M. P. Shiel.

martes, 14 de mayo de 2013

APUNTES LITERARIOS, CINEMATOGRÁFICOS, 4

La literatura más moderna, transgresora y radical en castellano: "La Celestina", el "Lazarillo de Tormes", el "Quijote", "La lozana andaluza"...

Películas sobre el amor hacia una muerta: "Laura" (O. Preminger), "Vértigo" (A. Hitchcock). 
Ver asimismo filmes que tratan el tema de amores con fantasmas, como "Jennie" de W. Dieterle y "El fantasma y la señora Muir" de J. L. Mankiewicz. Y, en cierto modo, "Rebeca", también de Hitchcock.
Otras grandes cintas de amor del director inglés: "Encadenados", "Marnie, la ladrona"...

Esas curiosas coincidencias en el arte (o tal vez no sean coincidencias): el olor de las madreselvas en la novela "El ruido y la furia" de W. Faulkner (1929) y en la película "Perdición" de B. Wilder (1944). También aparece en "Santuario" (1931).

Influencia de "El gran dios Pan" de Arthur Machen en Lovecraft: comparar su final con el de "El caso de Charles Dexter Ward" y todo el cuento en general con el relato "La cosa en el umbral", p. ej.
Algunos textos del siglo XIX que me recuerdan sorprendentemente al mundo de Lovecraft: "La ajorca de oro" de Bécquer, "El viyi" (o "El Vi") de Gógol, "Marsias en Flandes" de Vernon Lee...

Comparar a Kurtz, el personaje de "El corazón de las tinieblas" de Conrad (y de la película "Apocalypse now" de Coppola), con Calígula, de la obra homónima de Albert Camus (¿y con el protagonista de "El extranjero"?). De la destrucción de la moralidad social, de la civilización (Kurtz), al nihilismo y la locura (Calígula). La libertad y el poder del hombre amoral. Es curioso que ambos sean presentados, de alguna manera, como poetas. La soledad del genio, su furia y capacidad de transgresión...
(Postdata de 22 de mayo de 2013): Ver asimismo el personaje de Marta, en "El malentendido" de Camus. Y el retrato del nihilismo terrorista que Conrad hace en sus novelas "El agente secreto" y "Bajo la mirada de Occidente" (a su vez, relacionadas con "Los demonios" de Dostoievski).

Enlaces con algunas de las películas completas citadas más arriba:
"Vértigo": http://www.shurweb.es/videos/vertigo-vos/
"Laura": http://www.shurweb.es/videos/laura/
"Jennie": http://www.shurweb.es/videos/jennie-retrato-de-jennie/
http://www.youtube.com/watch?v=RYOrj4kEI8c
"Rebeca": http://www.youtube.com/watch?v=xMSuArknrxc
"Encadenados": http://www.shurweb.es/videos/encadenados/
http://www.youtube.com/watch?v=30YqeP6MU_Q
"Marnie, la ladrona": http://www.shurweb.es/videos/marnie-la-ladrona/
http://www.youtube.com/watch?v=Ckl5F0vXHZI
"Perdición": http://www.shurweb.es/videos/perdicion/
"Apocalypse now": http://www.shurweb.es/videos/apocalypse-now/


miércoles, 12 de octubre de 2011

Relato "POR EL CAMINO DE E., O UN FRAGMENTO DE VIDA".

     E. suele ser percibido como un hombre suavemente extravagante, con una vida y personalidad peculiares, aunque de una forma moderada o discreta. Y, como se dice en esta época, se le considera un friki. Ya en su adolescencia llamó la atención de sus amigos y familiares, prosaicamente realistas, gracias a la desmedida afición que manifestó por las obras de Tolkien. Ahora que se acerca a la cuarentena, E. ha sustituido la prolijidad de El señor de los anillos por el barroquismo alucinado de los cuentos terroríficos de Lovecraft y de otros autores raros y quizá de segunda fila. El torturado cerebro de E. se complace perdiéndose en fantasías góticas de castillos imposibles o inverosímiles, como si algo de su psique encontrara cierto e indeterminado placer en las ensoñaciones situadas en laberintos tenebrosos y húmedos, de piedras sucias. En suma, todos estos detalles, conocidos por los más íntimos, o sospechados o intuidos por los demás, le han granjeado la fama, acaso injusta, de tipo extraño, alejado de la sana vida práctica, de la vida común de sus semejantes. Añádase que E. vive con sus padres todavía y que parece más bien solitario y de pocos amigos, para que la impresión de excentricidad se acentúe poderosamente.
    
     Pero E., pese a su apariencia mediocre de hombre casi cuarentón, un tanto gordito y bastante calvo, de rostro vulgarmente redondo, insípido, E., decimos, se siente en cierto modo orgulloso de su vida. Las ironías que percibe en torno, que sabe captar con la finura de una antena psicológica (le parece acertadísima esta expresión), las considera con displicencia y una cierta superioridad. Sí, es verdad que vive con sus padres y que su modesto trabajo de conserje en una institución pública no promete hacer relumbrar su existencia con los altos placeres de una vida intensa. Pero, ¿el suyo no constituye un transcurrir tranquilo, sereno? ¿Acaso podría vivir mejor con otras personas? En cuanto a sus aficiones literarias, reconoce su puerilidad prácticamente inofensiva, pero sabe que también le agradan las cosas serias y profundas. Además de con Lovecraft o Blackwood o Machen, goza asimismo con Henry James, Proust, Flaubert (¿no es él, E., una señora Bovary sumida en el polvo de la pequeña ciudad?, pero sin cónyuge ni amantes, claro, piensa con humor benevolente) o con Robert Walser (ese Walser al que considera hermano del alma, si la frase no es demasiado cursi, ese Walser por quien E. derrama con gusto metafóricas lágrimas en unos ojos hipotéticos). A E. también le gusta el fútbol, el cine (aunque su preferido es el clásico norteamericano de los años cuarenta, que no puede ver tanto como quisiera), pasar las noches ante la televisión (junto a su mamá -ya que el padre se acuesta pronto- disfruta de las series y de los programas del corazón); en fin, que él mismo no se ve tan rarito, tan diferente como los demás le han dado a entender en determinadas ocasiones, con miradas y actitudes más que con palabras francas y directas
    
     Quienes le observan tienen la impresión superficial de un individuo exteriormente anodino, sin darse cuenta de que en el interior de E. arde el fuego de los instintos, como en cualquier otro hombre. En efecto, E. padece, con relativo placer amargo, las tensiones de la sexualidad. Desde hace poco tiempo su atención erótica se ha fijado en dos mujeres. Por un lado, su compañera de trabajo en los últimos seis meses, A., chica de unos treinta y cinco años, divorciada, alta y de espectacular y frondosa melena castaña. A. posee un cuerpo grande, rotundo, un rostro alargado y anguloso, de facciones duras (esa mandíbula marcada, los pómulos elevados y prominentes), en el que brillan húmedamente unos subyugantes ojos azules y rasgados y una boca sensual que suele entreabrir de modo inconsciente (labios rojos que señalan o indican una agradable entrada en su intimidad cálida). A. es una hembra de fuerte carácter, un tanto masculina en sus modos, algo que a nuestro protagonista le excita oscuramente. A E. le gusta imaginarla poderosa en el amor, activa e inquieta, repleta de posturas y movimientos constantes, fieros, experta en caricias prohibidas y con un ímpetu de fogosidad venérea.

     Por otra parte, la vecina del piso de arriba, L., jovencita de unos  veinticinco esplendorosos años. En contraste con A., (en virtud de una desconocida, inexplicable ley de compensación o equilibrio), L. es menudita, de cuerpo delgado y flexible (como si estuviera sin formar del todo, guardando todavía algo de la perfecta imperfección adolescente), con un pelo moreno que lleva corto y chic (a lo garçon, que se decía en épocas pasadas), de carita aniñada y alegre (¿por la inconsciencia juvenil?) en la que bailan unos ojazos (acaso demasiado grandes, desproporcionados, mas esto aumenta su belleza) oscuros y redondos, que parecen mirar las cosas con asombro y felicidad. E. se la figura tímida, recogida y quieta en los placeres (en el momento del éxtasis, abrazada a él fuertemente, aferrada en un espasmo pétreo, casi inmóvil, callada y pasiva, sudando, apenas temblorosa en un orgasmo lento e inacabable paladeado por ambos con morosidad exquisita, a un mismo ritmo acompasado y sólo ligerísimamente perceptible).

     Pero E. tiene la convicción de que nunca les dirá nada, jamás se atreverá (como mucho, a invitarlas a un café). Y aun en el caso de que acumulara valor suficiente y de que fuera correspondido (ideas demasiado sublimes para ser ciertas), E. sabe que su mamá sería un obstáculo insalvable. ¿Y por qué arriesgar un amor seguro, tierno y único a cambio de una aventura azarosa e impredecible? En todo caso, E. se consuela pensando que siempre le quedarán las delicadas, adorables, inocentes nínfulas (nymphettes en el original inglés) que hermosamente supo cantar, en prosa de lirismo inconmensurable (aunque en sórdida novela, sazonada de picante cinismo), el gran Maestro rusonorteamericano. Esas pequeñas cuya existencia mamá ignora por completo, niñas que nunca se interpondrán (al menos, es lo que E. cree, desea o espera con toda su alma) en tan bonito afecto materno-filial.


(XI-2009).

jueves, 7 de abril de 2011

Poema "LOVECRAFT"

Vidas inconcebibles y amenazantes
acechan en los oscuros laberintos,
en los vértigos desconocidos del tiempo y del espacio,
hundidas en ciudades congeladas
y submarinas como castillos de moho.
Inmortales latentes
en criptas atestadas de relieves
nauseabundos y maravillosos.
Sueñan o recuerdan los libros obscenos,
la inhumana belleza
de su arte perfecto, espantoso,
delicadamente brutal.

En determinados puntos del universo
la materia a sí misma se corrompe
y crea, de maldad, incomprensibles ámbitos:
seres que, vomitando, esperan
regresar para imponernos
su reino de degradación,
la negrura absoluta, la vida muerta,
una podredumbre gloriosa
a causa de su propio caos.




                                           (XI-XII-2008; IV-2011).