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martes, 14 de mayo de 2013

APUNTES LITERARIOS, CINEMATOGRÁFICOS, 4

La literatura más moderna, transgresora y radical en castellano: "La Celestina", el "Lazarillo de Tormes", el "Quijote", "La lozana andaluza"...

Películas sobre el amor hacia una muerta: "Laura" (O. Preminger), "Vértigo" (A. Hitchcock). 
Ver asimismo filmes que tratan el tema de amores con fantasmas, como "Jennie" de W. Dieterle y "El fantasma y la señora Muir" de J. L. Mankiewicz. Y, en cierto modo, "Rebeca", también de Hitchcock.
Otras grandes cintas de amor del director inglés: "Encadenados", "Marnie, la ladrona"...

Esas curiosas coincidencias en el arte (o tal vez no sean coincidencias): el olor de las madreselvas en la novela "El ruido y la furia" de W. Faulkner (1929) y en la película "Perdición" de B. Wilder (1944). También aparece en "Santuario" (1931).

Influencia de "El gran dios Pan" de Arthur Machen en Lovecraft: comparar su final con el de "El caso de Charles Dexter Ward" y todo el cuento en general con el relato "La cosa en el umbral", p. ej.
Algunos textos del siglo XIX que me recuerdan sorprendentemente al mundo de Lovecraft: "La ajorca de oro" de Bécquer, "El viyi" (o "El Vi") de Gógol, "Marsias en Flandes" de Vernon Lee...

Comparar a Kurtz, el personaje de "El corazón de las tinieblas" de Conrad (y de la película "Apocalypse now" de Coppola), con Calígula, de la obra homónima de Albert Camus (¿y con el protagonista de "El extranjero"?). De la destrucción de la moralidad social, de la civilización (Kurtz), al nihilismo y la locura (Calígula). La libertad y el poder del hombre amoral. Es curioso que ambos sean presentados, de alguna manera, como poetas. La soledad del genio, su furia y capacidad de transgresión...
(Postdata de 22 de mayo de 2013): Ver asimismo el personaje de Marta, en "El malentendido" de Camus. Y el retrato del nihilismo terrorista que Conrad hace en sus novelas "El agente secreto" y "Bajo la mirada de Occidente" (a su vez, relacionadas con "Los demonios" de Dostoievski).

Enlaces con algunas de las películas completas citadas más arriba:
"Vértigo": http://www.shurweb.es/videos/vertigo-vos/
"Laura": http://www.shurweb.es/videos/laura/
"Jennie": http://www.shurweb.es/videos/jennie-retrato-de-jennie/
http://www.youtube.com/watch?v=RYOrj4kEI8c
"Rebeca": http://www.youtube.com/watch?v=xMSuArknrxc
"Encadenados": http://www.shurweb.es/videos/encadenados/
http://www.youtube.com/watch?v=30YqeP6MU_Q
"Marnie, la ladrona": http://www.shurweb.es/videos/marnie-la-ladrona/
http://www.youtube.com/watch?v=Ckl5F0vXHZI
"Perdición": http://www.shurweb.es/videos/perdicion/
"Apocalypse now": http://www.shurweb.es/videos/apocalypse-now/


miércoles, 12 de octubre de 2011

Relato "POR EL CAMINO DE E., O UN FRAGMENTO DE VIDA".

     E. suele ser percibido como un hombre suavemente extravagante, con una vida y personalidad peculiares, aunque de una forma moderada o discreta. Y, como se dice en esta época, se le considera un friki. Ya en su adolescencia llamó la atención de sus amigos y familiares, prosaicamente realistas, gracias a la desmedida afición que manifestó por las obras de Tolkien. Ahora que se acerca a la cuarentena, E. ha sustituido la prolijidad de El señor de los anillos por el barroquismo alucinado de los cuentos terroríficos de Lovecraft y de otros autores raros y quizá de segunda fila. El torturado cerebro de E. se complace perdiéndose en fantasías góticas de castillos imposibles o inverosímiles, como si algo de su psique encontrara cierto e indeterminado placer en las ensoñaciones situadas en laberintos tenebrosos y húmedos, de piedras sucias. En suma, todos estos detalles, conocidos por los más íntimos, o sospechados o intuidos por los demás, le han granjeado la fama, acaso injusta, de tipo extraño, alejado de la sana vida práctica, de la vida común de sus semejantes. Añádase que E. vive con sus padres todavía y que parece más bien solitario y de pocos amigos, para que la impresión de excentricidad se acentúe poderosamente.
    
     Pero E., pese a su apariencia mediocre de hombre casi cuarentón, un tanto gordito y bastante calvo, de rostro vulgarmente redondo, insípido, E., decimos, se siente en cierto modo orgulloso de su vida. Las ironías que percibe en torno, que sabe captar con la finura de una antena psicológica (le parece acertadísima esta expresión), las considera con displicencia y una cierta superioridad. Sí, es verdad que vive con sus padres y que su modesto trabajo de conserje en una institución pública no promete hacer relumbrar su existencia con los altos placeres de una vida intensa. Pero, ¿el suyo no constituye un transcurrir tranquilo, sereno? ¿Acaso podría vivir mejor con otras personas? En cuanto a sus aficiones literarias, reconoce su puerilidad prácticamente inofensiva, pero sabe que también le agradan las cosas serias y profundas. Además de con Lovecraft o Blackwood o Machen, goza asimismo con Henry James, Proust, Flaubert (¿no es él, E., una señora Bovary sumida en el polvo de la pequeña ciudad?, pero sin cónyuge ni amantes, claro, piensa con humor benevolente) o con Robert Walser (ese Walser al que considera hermano del alma, si la frase no es demasiado cursi, ese Walser por quien E. derrama con gusto metafóricas lágrimas en unos ojos hipotéticos). A E. también le gusta el fútbol, el cine (aunque su preferido es el clásico norteamericano de los años cuarenta, que no puede ver tanto como quisiera), pasar las noches ante la televisión (junto a su mamá -ya que el padre se acuesta pronto- disfruta de las series y de los programas del corazón); en fin, que él mismo no se ve tan rarito, tan diferente como los demás le han dado a entender en determinadas ocasiones, con miradas y actitudes más que con palabras francas y directas
    
     Quienes le observan tienen la impresión superficial de un individuo exteriormente anodino, sin darse cuenta de que en el interior de E. arde el fuego de los instintos, como en cualquier otro hombre. En efecto, E. padece, con relativo placer amargo, las tensiones de la sexualidad. Desde hace poco tiempo su atención erótica se ha fijado en dos mujeres. Por un lado, su compañera de trabajo en los últimos seis meses, A., chica de unos treinta y cinco años, divorciada, alta y de espectacular y frondosa melena castaña. A. posee un cuerpo grande, rotundo, un rostro alargado y anguloso, de facciones duras (esa mandíbula marcada, los pómulos elevados y prominentes), en el que brillan húmedamente unos subyugantes ojos azules y rasgados y una boca sensual que suele entreabrir de modo inconsciente (labios rojos que señalan o indican una agradable entrada en su intimidad cálida). A. es una hembra de fuerte carácter, un tanto masculina en sus modos, algo que a nuestro protagonista le excita oscuramente. A E. le gusta imaginarla poderosa en el amor, activa e inquieta, repleta de posturas y movimientos constantes, fieros, experta en caricias prohibidas y con un ímpetu de fogosidad venérea.

     Por otra parte, la vecina del piso de arriba, L., jovencita de unos  veinticinco esplendorosos años. En contraste con A., (en virtud de una desconocida, inexplicable ley de compensación o equilibrio), L. es menudita, de cuerpo delgado y flexible (como si estuviera sin formar del todo, guardando todavía algo de la perfecta imperfección adolescente), con un pelo moreno que lleva corto y chic (a lo garçon, que se decía en épocas pasadas), de carita aniñada y alegre (¿por la inconsciencia juvenil?) en la que bailan unos ojazos (acaso demasiado grandes, desproporcionados, mas esto aumenta su belleza) oscuros y redondos, que parecen mirar las cosas con asombro y felicidad. E. se la figura tímida, recogida y quieta en los placeres (en el momento del éxtasis, abrazada a él fuertemente, aferrada en un espasmo pétreo, casi inmóvil, callada y pasiva, sudando, apenas temblorosa en un orgasmo lento e inacabable paladeado por ambos con morosidad exquisita, a un mismo ritmo acompasado y sólo ligerísimamente perceptible).

     Pero E. tiene la convicción de que nunca les dirá nada, jamás se atreverá (como mucho, a invitarlas a un café). Y aun en el caso de que acumulara valor suficiente y de que fuera correspondido (ideas demasiado sublimes para ser ciertas), E. sabe que su mamá sería un obstáculo insalvable. ¿Y por qué arriesgar un amor seguro, tierno y único a cambio de una aventura azarosa e impredecible? En todo caso, E. se consuela pensando que siempre le quedarán las delicadas, adorables, inocentes nínfulas (nymphettes en el original inglés) que hermosamente supo cantar, en prosa de lirismo inconmensurable (aunque en sórdida novela, sazonada de picante cinismo), el gran Maestro rusonorteamericano. Esas pequeñas cuya existencia mamá ignora por completo, niñas que nunca se interpondrán (al menos, es lo que E. cree, desea o espera con toda su alma) en tan bonito afecto materno-filial.


(XI-2009).

domingo, 20 de marzo de 2011

Poema "ARTHUR MACHEN".

Ver laberintos a través de los laberintos
de las ciudades y los campos.
La pradera es órgano poderoso
y en las piedras hay palacios que cantan.
Ámbitos de placer y conocimiento
pacientes, pudorosos, se ocultan:
el que a ellos acceda
asaltado será por fuegos terribles:
se consumirá con aquiescencia
y con la alegría, el pavor sin límites
del que comprende la muerte y el mundo
en un éxtasis de belleza
levemente putrefacta
con los estigmas del mal.

Encantadoras señoritas
en su deseable materia albergan
un gigantesco gusano informe
como hecho de luz negra.

(En los más vulgares edificios
subsiste el milagro espantoso que acaso retorne).

                     (II-2008).

martes, 26 de octubre de 2010

RELATO MÍO, HOMENAJE A MACHEN

                                             Homenaje a Arthur Machen.

     El doctor Keres se ha refugiado, lleno de terror, en su cuarto de baño. Espera la muerte o algo peor que la muerte. Apenas una hora antes se ha decidido a probar la droga en la que lleva trabajando durante largos, secos y difíciles años plagados de errores, incomprensión y desprecio, cuando no franca burla, de los medios científicos oficiales. Esta mañana se ha levantado sabiendo que por fin ha acertado con la composición exacta, que ya ha encontrado lo que buscó durante lustros: una sustancia capaz de abrir nuevas e insospechadas puertas a la percepción (parafraseando el conocido verso de Blake que luego utilizarían Huxley y The Doors). No un alucinógeno, sino algo que potenciara al máximo los órganos sensoriales y la capacidad del cerebro humano para acceder a algo que el doctor siempre ha sospechado: la existencia de una realidad o dimensión paralela, quizá escondida debajo de la que vemos todos los días, una ventana abierta a sutiles y desconocidas disposiciones de la materia... Algo relacionado con los antiguos cultos mistéricos y herméticos de ritos orientales, conocimientos prohibidos y ocultos por la civilización  grecorromana.
   
     Hace apenas una hora, el doctor ha tomado una dosis de la sustancia líquida y se la ha inyectado. No sin orgullo, quiere ser el primer hombre que capte esas nuevas realidades. Al principio no siente nada particular, sino acaso cierta sensación de leve mareo, en modo alguno desagradable. Luego, un pequeño vértigo y un picor en los ojos, que le llevan a buscar algo de aire puro en la ventana abierta de su despacho. Queda unos instantes mirando las calles en esa hora matutina, y entonces comienza todo. Por decirlo de algún modo, pues está más allá de las palabras, siente una inmensa presencia ahí fuera, en las calles y plazas, en la ciudad. Empieza a oír sonidos extraños, como lejanos -y sin embargo gigantescos- gritos o alaridos. Nota que se van acercando, y, casi al mismo tiempo, ve la presencia que se va enseñoreando de todo, como un huracán lentísimo, algo como una masa enorme, transparente y fluida, que viene a través de la plaza y los edificios que contempla al otro lado de la ventana. Y a medida que conquista espacio, todo lo que queda envuelto por esa masa va transformándose. Los edificios modifican su aspecto, toman el de construciones antiquísimas de piedra, las modernas casas cambian sus anodinas y triviales paredes por muros gruesos y oscuros, irregulares, que muestran una decrepitud de siglos y rezuman una humedad repleta de helechos putrefactos. El doctor Keres está fascinado y horrorizado por tal visión sobrehumana. Mira hacia abajo, a la calzada, y comprueba que ésta ha desaparecido, sólo hay un vasto terreno de piedras y barro, insoportablemente húmedo, y ve personas caminando, pero no son seres normales, sino que tiene la certeza de que se trata de hombres pálidos y expulsados del tiempo, que visten raídas ropas de una era desconocida, y, en un segundo de horror, cree comprender que son entes del mal, sarcásticas abominaciones, lacayos o heraldos de la mole traslúcida, que han llegado desde algún lugar espantoso. Uno de estos hombres, de repente, se para, vuelve la cabeza y mira hacia la ventana del doctor, quien nota fijos en sí unos ojos abominables....

     Con un inconmensurable horror calándole los huesos con un frío paralizante, el doctor levanta la cabeza y ve que la gigantesca mole transparente ya ha tomado los edificios próximos y está unos metros de su piso, al igual que los inhumanos gritos que da la impresión llenan el espacio y la ciudad entera, alaridos de una grandeza cósmica que revelan una maldad fundamental. Y un nauseabundo olor se hace presente, un aroma pérfido de descomposición y podredumbre, las emanaciones decrépitas que conlleva la muerte...

     El doctor Keres comprueba que la masa indescriptible ya ha llegado a su vivienda, empieza a tomar la ventana, que se metamorfosea en una oquedad horrible de pútridas maderas negras que gimen y se retuercen (como una materia que sintiera un dolor inmenso...) y la cosa sigue avanzando, y transforma las paredes de la habitación en opresores y malignos muros recubiertos de un espeso légamo, pegajoso, oscuro y vegetal, una forma de vida que parece dotada, de forma inexplicable, de una conciencia infinitamente malévola... El doctor está paralizado a fuerza de terror, y cuando quiere darse cuenta, no tiene escapatoria, toda la habitación está conquistada por el Mal, sólo quedan libres, de momento, la pequeña porción en que él se encuentra de pie, y la puerta del cuarto de baño. Sin casi saber lo que hace, Keres entra en el aseo y cierra la puerta. Un grito espantoso le obliga a taparse los oídos: está ahí, al otro lado. Se sienta en cuclillas, en posición fetal, al lado de la bañera. Mira a la puerta y ve que se empieza a corromper, es ya una estructura de madera negra y semidescompuesta, que va abriéndose mientras en el cuarto empieza a entrar ese olor, la presencia inmensa que en unos segundos atrapará a Keres y lo llevará a algún siniestro mundo de vacío y dolor y muerte perpetuos...

                                                 *****************                    

     Unas horas después, los medios informativos de casi todo el planeta empezaron a comunicar la espantosa noticia de la inexplicable destrucción, completa, devastadora, de una importante ciudad centroeuropea.